Cuando algo sabe a pollo recalentado

Soy un poco obsesivo, y todo me recuerda a la cocina y a sus sensaciones. Pero si hay algo que no me gusta, algo que desprecio es el sabor a comida recalentada y pagada como de primera mano. Hace unos años di clase en un restaurante en el que se mantenía la paella de la noche a la mañana porque por la noche siempre alguien picaba y pagaba.

Ahora que he vuelto de Londres, aún me erizan el pelo las pobres salchichas que día a día eran la imagen de un ser que va envejeciendo, cada día más arrugado , cada día más encojido.

La sala donde voy a ver cine ya no está en el centro de mi ciudad, está allá, a las afueras, en uno de esos centros comerciales donde el olor a fritanga y a comida basura dulzona de menú, impregna la ropa y lo arrastras hasta la butaca.

En el valle de Elah se titulaba la película. Sólo dos imágenes de comida, suficientes para situarme, sentir el hedor a pollo recalentado con grasa quemada, para sentir las briznas secas entre mis dientes, para hacer el recorrido hasta casa con la sensación de pesadez, de angustia….


Fuente de la noticia:

http://www.lacoctelera.com/gourmet/post/2008/01/22/cuando-algo-sabe-pollo-recalentado

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